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SIRVAN AL SEÑOR CON ALEGRÍA | Debemos responder al relativismo con humildad y fidelidad

Como discípulos, debemos aferrarnos a Jesús, quien dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”

Archbishop Mitchell T. Rozanski
Abp. Rozanski

Debemos responder al relativismo con humildad y fidelidad

Como discípulos, debemos aferrarnos a Jesús, quien dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”

Queridos hermanos y hermanas en Cristo,

Las lecturas de esta semana de los Hechos de los Apóstoles nos muestran tres cambios en la Iglesia primitiva: el paso hacia la inclusión de los gentiles, el paso de la misión de san Pedro a los viajes misioneros de san Pablo, y el cambio en la forma en que se llamaba a los discípulos (“fue en Antioquía donde por primera vez se llamó cristianos a los discípulos”). Esto puede ayudarnos a pensar en un cambio al que también estamos llamados en nuestro tiempo.

Una de las características más destacadas del Evangelio de san Juan son las siete afirmaciones “Yo soy” de Jesús. Esta semana encontramos tres de ellas: Yo soy la luz del mundo (Juan 8,12); Yo soy el buen pastor (Juan 10,11); Yo soy el camino, la verdad y la vida (Juan 14,6).

Las afirmaciones “Yo soy” en el Evangelio de Juan son como un diamante: tienen muchas facetas y son de un valor inmenso para nosotros. Una de esas facetas, y una dimensión del discipulado que nos proponen, es una respuesta al relativismo tan extendido en la cultura contemporánea.

Jesús no dijo: “Sal y vive tu mejor vida.” Dijo: “Toma tu cruz y sígueme.”

Jesús no dijo: “Las religiones son distintos caminos hacia una misma meta; elige el que más te convenga.” Dijo: “Nadie va al Padre sino por mí.”

Jesús no dijo: “Cada uno tiene su propia verdad.” Dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida.”

El relativismo contemporáneo a menudo se disfraza de humildad. “Bueno, no puedo pretender saberlo todo, así que simplemente diré mi verdad.” La humildad en esa afirmación es parcialmente cierta. El problema es que se utiliza como puerta de entrada a algo falso: la idea de que no existe la verdad, o que no podemos conocerla.

¿Cómo debe responder un discípulo al relativismo? No abandonando la humildad para caer en la soberbia. Más bien, debemos mantenernos firmes tanto en la humildad (porque no lo sabemos todo) como en la fidelidad (porque Jesús sí lo sabe).

Esta semana escuchamos al Espíritu Santo decir: “Sepárenme a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado.” Ese es el comienzo del primer viaje misionero de san Pablo. Nosotros también tenemos un camino misionero que recorrer — ¡dentro de nuestra propia cultura!

Esta semana celebramos la fiesta de san José Obrero (1 de mayo). ¡También nosotros tenemos una tarea que realizar!

Esta semana escuchamos a santo Tomás lamentarse: “Señor, no sabemos adónde vas; ¿cómo podemos saber el camino?” La respuesta de Jesús ilumina el camino de la humildad y la fidelidad: Tomás, tienes razón en esto — no lo sabes todo acerca de adónde voy. Pero me conoces a mí, y eso basta. Si permaneces en el camino conmigo, yo te llevaré a la meta.

Podemos y debemos ser humildes, porque no lo sabemos todo. Y al mismo tiempo podemos y debemos rechazar el relativismo, porque conocemos a Jesús, y Él es el camino, la verdad y la vida.

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