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SIRVAN AL SEÑOR CON ALEGRÍA | Las consecuencias de volvernos hacia el Señor o alejarnos de Él

La historia bíblica ofrece lecciones permanentes sobre la fe, el pecado y la providencia de Dios

Archbishop Mitchell T. Rozanski
Abp. Rozanski

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

La historia nos susurra los designios de Dios para la humanidad.

Pienso en la historia porque las lecturas de esta semana nos conducen a través de algunos acontecimientos clave de la historia del antiguo Israel, sucesos en los que los propósitos de Dios para su pueblo se manifestaron con claridad.

En 2 Reyes 17, leemos sobre la caída de las tribus del norte ante Asiria, en una serie de acontecimientos ocurridos a mediados del siglo VIII antes de Cristo. Como nos dice el autor de 2 Reyes: «Esto sucedió porque los hijos de Israel pecaron contra el Señor». Los profetas se lo habían advertido con palabras; ahora Dios se los estaba diciendo a través de la historia: el pecado tiene consecuencias. (Como señaló un comentarista bíblico: «Dios escribe con la historia de la misma manera que los hombres y las mujeres escriben con palabras».)

En 2 Reyes 24 y 25, leemos acerca de la primera y la segunda deportación al exilio de Babilonia, acontecimientos que tuvieron lugar en los años 597 y 587 antes de Cristo. Nuevamente, el autor de 2 Reyes deja clara la razón de estos sucesos: «(El rey) hizo lo que es malo a los ojos del Señor, tal como lo habían hecho sus antepasados».

Entre estos acontecimientos, el mismo ejército asirio que había destruido las tribus del norte a mediados del siglo VIII marchó contra Jerusalén y las tribus del sur alrededor del año 701 antes de Cristo. Al recibir una carta amenazante de Senaquerib, rey de Asiria, el rey Ezequías la llevó directamente al templo del Señor para orar y pedir la ayuda de Dios. Como resultado, el Señor salvó a Jerusalén de manera extraordinaria.

El autor de 2 Reyes no insiste demasiado en la enseñanza, pero el mensaje es claro: cuando uno se vuelve hacia el Señor, recibe su bendición; cuando se aleja del Señor, provoca su propia destrucción.

Es interesante que los patrones que se manifestaron tan claramente en la historia del antiguo Israel también se reflejan en nuestras propias historias personales. Esto es parte de lo que descubrimos cuando estudiamos a grandes maestros de la vida espiritual, como san Ignacio de Loyola, san Francisco de Sales y santa Teresa de Ávila.

Debemos ser prudentes. Los patrones de la vida espiritual son solamente ecos de aquellos patrones históricos y requieren discernimiento. Aun así, tiene sentido: el mismo Dios que actuaba en la historia bíblica también actúa en nuestras vidas. Volvernos hacia el Señor o alejarnos de Él tiene un efecto en nosotros.

La historia contemporánea también continúa susurrándonos los designios de Dios. Aquí también debemos ser cautelosos: son solo susurros. Quien afirme saber exactamente cómo se desarrollará la historia se engaña a sí mismo y trata de engañar a los demás.

Sin embargo, el mismo Dios que actuó en la historia bíblica, y que actúa en nuestras vidas, también está actuando en el mundo. Por eso podemos saber, con la misma certeza con la que lo sabía el autor de 2 Reyes, que tanto alejarse del Señor como volverse hacia Él tienen consecuencias para la historia de una nación.

Al mirar la historia de los Estados Unidos, creo que podemos aprender lecciones sobre las maneras en que nos hemos acercado a Dios o nos hemos alejado de Él en nuestro «experimento de libertad ordenada». ¡Ha habido consecuencias!

Por eso, cuando observamos los desafíos de nuestro tiempo, podemos estar igualmente seguros de que habrá consecuencias por volvernos hacia el Señor o alejarnos de Él.

La historia seguirá susurrándonos los designios de Dios.

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