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SIRVAN AL SEÑOR CON ALEGRÍA | La fe es como permitimos que Dios encuentre descanso en nuestra alma

Mientras nos preparamos para el inicio de la Cuaresma el 18 de febrero, podemos fijarnos en cómo Dios viene a encontrar descanso en nosotros

Archbishop Mitchell T. Rozanski
Abp. Rozanski

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

La Cuaresma comienza la próxima semana, el 18 de febrero.

Providencialmente, esta semana leemos sobre la dedicación del Templo por parte de Salomón. Reflexionar sobre ello puede ayudar mucho a nuestra preparación para la Cuaresma. ¿De qué manera?

El estribillo del salmo que acompaña la dedicación está tomado del Salmo 132: “Levántate, Señor, ven a tu lugar de descanso”. Verán, el Templo no solo estaba destinado a ser un lugar de culto, sino también a ofrecer un símbolo visible de una realidad invisible. Santa Isabel de la Trinidad, en una hermosa oración citada en el Catecismo de la Iglesia Católica, le dice a Dios: “Concédele paz a mi alma. Haz de ella tu cielo, tu morada amada y el lugar de tu descanso”. Su oración nos ayuda a establecer la conexión entre la realidad del Templo como lugar visible donde el Señor descansa y la realidad del alma como lugar invisible donde el Señor quiere descansar.

La fe es la manera en que permitimos que Dios encuentre el lugar de su descanso en nuestra alma. San Agustín lo expresa cuando dice: “Cristo se forma en el creyente por la fe del hombre interior”. San Buenaventura afirma algo parecido cuando dice: “por la fe, Cristo habita en nuestros corazones”. Recordemos que esta es la razón por la que Cristo no realizó muchos milagros en Nazaret: no encontró allí un lugar donde reposar a causa de su falta de fe (Mateo 13).

Una de las grandes metáforas de esta relación es la taza. Cuando una taza está boca abajo, se puede verter agua sobre ella. Si el agua no encuentra un lugar donde “descansar”, ¡no es culpa del agua! Cuando la taza está boca arriba, el agua encuentra allí su lugar de descanso. La fe funciona de la misma manera en el alma.

Vemos esta realidad reflejada en la vida de Salomón. ¡Él comienza bien! Su sabiduría va unida a la humildad, y su humildad se expresa en la obediencia a la alianza. Todo va bien en el reino exterior, porque todo va bien en el reinado interior de su alma. La taza está boca arriba.

Sin embargo, más tarde en la vida de Salomón, la taza se pone boca abajo. “Cuando Salomón fue viejo… su corazón ya no pertenecía por entero al Señor, su Dios”. ¡Su conocimiento permanece! Pero su antigua humildad es reemplazada por el orgullo, y ese orgullo se manifiesta en la desobediencia a la alianza. Con el tiempo, el reino exterior se divide; la razón principal es que el reinado interior del alma de Salomón estaba dividido.

Lo que Dios le dice a Salomón cuando su corazón se aparta de la alianza es importante también para nosotros: “Ya que esto es lo que quieres…”. Básicamente, Dios dice: Esta es la realidad interior que has elegido, así que la verás reflejada también exteriormente. Esta es una lección clave sobre cómo funciona el juicio de Dios: no es una imposición externa, sino el desarrollo interno de nuestras propias decisiones.

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