SIRVAN AL SEÑOR CON ALEGRÍA | Vivir más deliberadamente con un pie en ambos mundos
Jesús y los santos pueden guiarnos a cultivar la vida cristiana con un pie en el cielo y otro en la tierra

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
Me pregunto si podríamos vivir más deliberadamente con un pie en ambos mundos —el cielo y la tierra—. Ciertamente, tenemos toda una serie de fiestas esta semana que nos ayudan a reflexionar sobre ello.
El 29 de septiembre celebramos la fiesta de los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. En distintos momentos de la historia de la salvación, ciertamente tuvieron un pie en ambos mundos.
Por supuesto, esos son los grandes acontecimientos de la historia de la salvación. ¿Qué hay del resto de nosotros y de los pequeños acontecimientos de nuestra vida? Como si respondiera a esa pregunta, celebramos la fiesta de los Ángeles Custodios el 2 de octubre. Cada uno de nosotros tiene un ángel custodio, y ese ángel tiene un pie firmemente arraigado en Dios en el cielo y otro firmemente arraigado con nosotros en la tierra.
¡Pero, por supuesto, ellos son ángeles! ¿Cómo podemos nosotros, simples seres humanos, tener un pie en ambos mundos? Como si respondiera a esa pregunta, celebramos la fiesta de san Jerónimo el 30 de septiembre. Fue un gran estudioso de la Biblia y es el santo patrón de los estudiosos de las Sagradas Escrituras. Mantuvo un pie firmemente arraigado en el mundo del griego y el hebreo bíblicos antiguos y otro pie firmemente arraigado en el lenguaje popular de su tiempo, que entonces era el latín. Dedicó una enorme cantidad de tiempo y energía a vivir en ambos mundos y a traducir de uno al otro.
Por supuesto, él fue un gran erudito. ¿Qué hay del resto de nosotros, los seres humanos comunes y corrientes? Como si respondiera a esa pregunta, celebramos la fiesta de santa Teresa de Lisieux el 1 de octubre. Sí, ¡fue una gran santa! Pero recordemos dónde comenzó: una joven sencilla de un pueblo sencillo, que ingresó en un monasterio sencillo, donde siguió el «caminito» del amor. Vivió con un pie en ambos mundos en parte porque era un don que había recibido y, en parte, porque el «caminito» era para ella una disciplina que debía practicar.
Todo esto puede parecer bastante elevado. Así que consideremos la sencilla verdad expresada en las palabras de san John Henry Newman, el más reciente doctor de la Iglesia: «Dios nos quita a nuestros seres queridos como rehenes, para que nos veamos obligados, incluso por nuestros afectos terrenales, a elevar hacia Él nuestros corazones». Sus palabras pueden parecernos extrañas. Pero Newman está diciendo que cualquiera que haya perdido a un ser querido ya vive, debido a ese amor, con un pie en dos mundos.
Jesús fue la encarnación viviente de tener un pie en dos mundos. Estaba firmemente plantado aquí en la tierra y, al mismo tiempo, igualmente arraigado en la voluntad de su Padre en el cielo. Nos dio el don del Espíritu Santo precisamente para que pudiéramos seguirlo en esto.
Sabemos lo que significa trabajar diligentemente durante la semana mientras mantenemos la mirada puesta en el fin de semana: un pie en ambos mundos. ¿Podemos hacer lo mismo con nuestra vida cristiana: vivir, más deliberadamente, con un pie en la tierra y otro en el cielo? Las fiestas de esta semana nos señalan que se trata de un don que hemos recibido y de una disciplina que podemos —¡y debemos!— aprender a cultivar.