SIRVAN AL SEÑOR CON ALEGRÍA | La Cuaresma es un tiempo para reservar tiempo, energía y espacio para recibir al Señor
Dios está más interesado en la dirección de nuestro corazón que en el balance de nuestros pecados y buenas obras

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
Aquí tienen tres maneras de pensar la Cuaresma.
Primero, cuando recibimos a un invitado en nuestra casa, preparamos un espacio: reservamos tiempo, lugar y energía para recibirlo.
Pues bien, Jesús nos dice: “El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él” (Juan 14:23).
Esa es una manera de entender la Cuaresma. Dios — Padre, Hijo y Espíritu Santo — quiere venir a nuestra casa. ¿Qué tiempo, espacio y energía necesitan ordenarse para prepararnos a recibir a este huésped?
Segundo, la Biblia llama a David “un hombre según el corazón de Dios” (1 Samuel 13:14; Hechos 13:22).
Por supuesto, sabemos que no siempre fue así — ¡después de todo, cometió adulterio y asesinato! Pero la dirección del corazón de David iba del pecado al arrepentimiento.
Salomón, en cambio, comenzó de manera espectacular — pidiendo sabiduría cuando podía haber pedido cualquier cosa (1 Reyes 3). Pero luego, más adelante en su vida, Salomón estaba construyendo templos para dioses extranjeros. La dirección de su corazón fue de la sabiduría a la necedad.
El profeta Ezequiel lleva esta enseñanza a un punto muy claro para el antiguo Israel: si el malvado se convierte y se arrepiente, ninguno de sus pecados será recordado contra él; y si el justo se aparta para pecar, ninguna de sus buenas obras será recordada (ver Ezequiel 18:21-24). Esto provocó protestas en el antiguo Israel, como también sucede hoy: “¡Eso no es justo!”
Pero la idea es esta: al Señor le interesa más la dirección de nuestro corazón que nuestro registro moral de créditos y débitos. El justo no puede acomodarse; el pecador no tiene por qué desesperar.
Como para subrayar este punto, esta semana escuchamos la historia de la llamada de Leví (Mateo). Era un recaudador de impuestos — eso era casi lo peor de lo peor. Pero Jesús lo llamó y le ofreció la oportunidad de cambiar la dirección de su vida.
Así que la dirección se convierte en la pregunta clave para nosotros durante la Cuaresma. No: “¿qué logré ayer?”, sino: ¿qué me está pidiendo el Señor hoy?
Tercero, el Señor nos toma en serio — nuestras decisiones, nuestras intenciones y nuestras actitudes.
Deuteronomio 30, y el Salmo 1 e Isaías 58 nos dicen que el Señor pone una elección delante de nosotros. Si elegimos servir al Señor, viviremos en la luz; si elegimos rechazarlo, viviremos en la oscuridad. El juicio de Dios confirma nuestra elección: hará que nuestra realidad exterior coincida con nuestra realidad interior.
Mateo 6 nos dice que el Señor ve las intenciones del corazón. Si oramos, ayunamos y damos limosna para que la gente nos vea, entonces ser vistos por la gente será toda nuestra recompensa. Pero si oramos, ayunamos y damos limosna únicamente para agradar a Dios, entonces agradar a Dios será nuestra recompensa. Dios honra nuestras intenciones: como es nuestra intención, así será lo que Él nos conceda.
Joel 2 y Santiago 1 nos dicen que el Señor tomará en serio nuestra actitud. Si somos constantes o inconstantes, si somos arrepentidos o endurecidos, Él nos medirá con la misma medida.
¿No sería maravilloso tener 40 días para preparar la dirección de nuestro corazón y preparar nuestras decisiones, intenciones y actitudes para recibir a un huésped tan grande en la Pascua?
¡Bienvenidos a la Cuaresma!