SIRVAN AL SEÑOR CON ALEGRÍA | Dios puede entrar en nuestras vidas para poner fin a cualquier exilio que suframos
María nos enseña a dejar que el poder de su Hijo ponga fin a nuestra experiencia de exilio

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
A veces, la historia de la salvación rima. Es decir: los acontecimientos y los personajes no se repiten exactamente, pero se reflejan y se hacen eco unos de otros. Cuando ocurren esas rimas, suelen contener una lección no solo sobre el pasado, sino también para nuestra vida de discipulado. Las lecturas de esta semana contienen un excelente ejemplo de esa rima.
El 8 de diciembre celebramos la solemnidad de la Inmaculada Concepción —el modo en que María fue concebida sin la mancha del pecado original—. La primera lectura de ese día nos habla de los efectos de la caída sobre Adán y Eva. Primero escuchamos cómo Adán se escondía de Dios —una especie de exilio relacional—. Luego oímos que Eva “llegó a ser la madre de todos los vivientes”. Suena bonito al principio. Pero significa, en realidad, que todos los hijos de Adán y Eva (es decir, todos hasta María) nacerían en el estado de exilio metafísico de Dios que llamamos pecado original.
Después de eso, durante toda la semana, nuestras primeras lecturas provienen de la sección media del profeta Isaías, comenzando en el capítulo 40. Este es el período en que el antiguo Israel era llamado de regreso del exilio en Babilonia. El exilio metafísico del pecado original encontró un eco en el exilio histórico del pueblo de Dios.
Y ahí es donde la rima de la historia de la salvación empieza a tener importancia para nosotros: la experiencia metafísica de Adán y Eva y la experiencia histórica del antiguo Israel encuentran un eco espiritual en cualquier “exilio” que vivamos en nuestro propio corazón y en nuestra propia vida.
Entonces, ¿podría también este esquema de rimas ofrecernos sabiduría sobre el camino de salida del exilio?
Al leer las palabras del profeta Isaías esta semana, recordamos cómo Dios realizó la obra que puso fin al exilio histórico en Babilonia. Al celebrar esta semana la Inmaculada Concepción de María, recordamos cómo Dios realizó la obra que puso fin al exilio metafísico del pecado original. Al celebrar la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe esta semana (12 de diciembre), recordamos cómo María llevó a Cristo a los pueblos nativos de México para poner fin a su exilio espiritual de la plenitud del Evangelio.
Al celebrar todas estas cosas, podemos profundizar nuestra fe y esperanza de que Dios también actuará para poner fin al exilio que estemos viviendo en nuestras vidas. Y es consolador saber —como subraya un reciente documento del Dicasterio para la Doctrina de la Fe— que María tiene un papel especial en poner fin a nuestro exilio. Ella es, como dice el documento, la madre del pueblo fiel de Dios.
Uno de los estribillos de los Salmos de esta semana capta hermosamente este esquema de rimas: “Nuestro Dios viene con poder.” Dios entra en la historia para poner fin al exilio en Babilonia. Dios entra en la historia con la Encarnación para poner fin al exilio metafísico del pecado original. Dios también puede entrar en nuestras vidas para poner fin a cualquier exilio que estemos soportando. Mientras avanzamos más profundamente en el Adviento, no tengas miedo de acudir a María, la madre del pueblo fiel de Dios. Ella puede enseñarte a dejar que el poder de su Hijo ponga fin a tu experiencia de exilio.