SIRVAN AL SEÑOR CON ALEGRÍA | A veces Dios nos salva a través de nuestras dificultades, no de ellas
Cualquier dificultad que estemos viviendo puede unirse a la Semana Santa que Jesús vivió

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
¿Importan las preposiciones?
¡Nuestros profesores de inglés estarían encantados con la pregunta! Y quizá se alegrarían aún más al saber que esta cuestión gramatical tiene también importancia teológica y espiritual, una importancia que las lecturas de esta última semana antes de la Semana Santa ponen de relieve.
Para ilustrarlo, consideremos lo que dice san Fulgencio de Ruspe en una carta que la Iglesia nos propone en el Oficio de Lecturas esta semana:
“Cristo es a la vez sacerdote y víctima, Dios y templo. Él es el sacerdote por medio del cual hemos sido reconciliados, el sacrificio por el cual hemos sido reconciliados, el templo en el cual hemos sido reconciliados y el Dios con quien hemos sido reconciliados.”
Por medio de, por, en, con — cada una de estas preposiciones dirige nuestra atención a una dimensión importante del sacrificio de Cristo en la cruz. Perderíamos algo teológicamente importante si no tuviéramos en cuenta cada una de esas dimensiones.
¿Y qué hay de la importancia espiritual de las preposiciones? Las lecturas bíblicas de esta semana nos lo muestran.
Esta semana escuchamos la historia de Susana, acusada falsamente de adulterio en el libro de Daniel. El libro de los Números nos cuenta cómo Israel es atacado por serpientes y cómo Moisés coloca una serpiente de bronce en un asta. El profeta Jeremías nos habla de los complots que traman contra él. Y el Evangelio de Juan nos relata el plan para matar a Jesús y la profecía de que Él morirá por el pueblo.
Algo malo le sucede a cada una de estas personas. Cada una clama a Dios. Cada una es escuchada por Dios. Cada una es rescatada por Dios. En ese sentido, todas las historias son iguales.
La diferencia crucial está en las preposiciones. Susana, Israel y Jeremías son rescatados por Dios de la muerte. Jesús, en cambio, es rescatado a través de su muerte. Y eso, amigos, es enormemente importante para nosotros.
Cuando enfrentamos dificultades y clamamos a Dios, queremos que Dios nos salve de nuestros problemas. ¡Y eso está bien! A veces Él lo hace. Pero cuando comenzamos a esperar que Dios siempre nos rescate de nuestras dificultades, ahí es donde nos equivocamos. A veces — como en el caso de Jesús — Dios nos salva a través de nuestras dificultades. Y eso duele. La cruz siempre duele.
San León Magno lo expresó así en otra lectura que la Iglesia nos propone esta semana:
“Por medio de la cruz los fieles reciben fuerza de la debilidad, gloria del deshonor y vida de la muerte.”
Ahí aparece nuevamente: por medio de. Una diferencia muy sutil en el lenguaje; una diferencia enorme en la vida de un discípulo.
Las lecturas de esta semana nos conducen hacia las pruebas de Jesús en la Semana Santa. Pero creo que también nos invitan a algo. Podemos llevar al altar todas las dificultades que cargamos. Si lo hacemos, entonces cualquier “semana santa” que estemos viviendo en nuestra vida puede unirse a la Semana Santa que Jesús vivió.
Si llevamos nuestra pequeña “semana santa” a la gran Semana Santa de Jesús, entonces se cumplirán en nosotros estas palabras alentadoras de san Atanasio:
“Si seguimos de cerca a Cristo, se nos concederá, incluso en esta tierra, estar como en el umbral de la Jerusalén celestial y disfrutar de la contemplación del banquete eterno.”